martes, 13 de agosto de 2013

Las aficiones y la familia (desahogo de inquietudes)

Hace tiempo que no posteo algo sustancial en este blog, digo que ha sido por motivos de trabajo pero en realidad no me he organizado muy bien que digamos, y eso que siento que tengo material para poder escribir hasta unas 4 entradas al hilo.

No, no he dejado la afición, al contrario, he seguido en temperizado de vagones, armado de un módulo T-Trak, etc. Pero no he medido bien mis tiempos para poder compartir más con los lectores de este blog.

Pero desde hace tiempo tengo una inquietud que quiero ventilar; nuestras aficiones son parte de nosotros, algo de lo que nos identifica, de lo que nos hace ser lo que somos, una parte de nosotros. La inquietud que me ocupa es el cómo nuestras familias (biológicas o políticas) toman nuestro hobby.

En parte también pretendo sea una especie de opinión para poder compaginar trenes y parientes, ya que muchos tienen la suerte de que sus familiares los apoyen e incluso han podido "contagiar" a algunos miembros de su familia. He conocido ferroaficionados que "heredaron" la afición del papá, y ahora, en edad productiva ambos, le dan al hobby como hubiera querido Darth Vader con Luke, es decir, "como padre e hijo". 

O quienes tienen hijos pequeños y han logrado transmitirles el gusto por los trenes, por la ferroafición y estos están locos por los vagones, las locomotoras y demás. A veces crecen, y se olvidan del hobby, pero a veces le siguen.

Quizás no sea tan raro este escenario que acabo de comentar, pero el que sí es un poco más raro es el de madres y esposas que se integran al hobby de alguna manera: comprándole al aficionado un vagoncito de vez en cuando, acompañándolo CON GUSTO a las convenciones y reuniones de clubes, respetando su maqueta o material rodante, cediendo espacio, etc. A lo mejor hasta ayudando en la maqueta, como haciendo arbolitos, pintando, limpiando, cortando...creo que lo que todo aficionado a algo, cualquier cosa, esperaría.



Somos seres sociales, y como tal, a veces tenemos qué enfrentarnos a quienes a lo mejor les es indiferente o de plano no les gusta nuestra afición. Tenemos qué convivir con ello. Eso, afortunadamente o lamentablemente por los diversos escenarios que pueden suscitarse. 

Pasando de un ambiente ideal, podemos pasar a uno que no lo es tanto. En muchos casos, también, y muchas veces más reales, nuestra familia ve nuestra afición como una cosa curiosa, como algo "raro", como si fuese muy diferente a tener una afición por el futbol, o a irse a un bar los viernes. Pero quizás es algo en lo que no participan pero tampoco nos recriminan ni comentan nada al respecto.

Hay qué admitirlo: El ferromodelismo a primera vista puede ser un hobby caro, más para quienes no lo practican. ¿Por qué a primera vista? ¿No es caro por sí mismo? Sí y no.

De ese ambiente no tan ideal, puede que alguna vez nos compremos un vagón escala N de menos de 15cm de largo; voy a hablar en dólares para que se entienda más o menos esto, un vagón que quizás cuesta 10 dólares, y tiene ese tamaño que comenté, poco más largo que un cochecito de Hot Wheels. Para el no aficionado, sea quien sea, lo verá quizás así, como un equivalente de Hot Wheels en trenecito, que cuestan hasta un dólar. Y el precio por "un pedacito de plástico con rueditas" quizás se le hará estratosférico. Esto puede pasar en nuestra familia, y más si nos quieren hacer un regalo con respecto a nuestro hobby. Podría ser lógico, para ellos, pensar que mientras más pequeño (o aparentemente insignificante) debería ser más barato, pero no. Y mientras más grande, más caro obviamente. Pero ignoran que aparte del "tamaño", lo que nosotros buscamos en un tren a escala es la complejidad que no salta a la vista para el que no conoce, como por ejemplo, el mecanismo de los acopladores, o en el caso de la locomotora, la electrónica que hace que se mueva; o el nivel de detalle, la calidad de la pintura y demás, que forman parte del costo monetario de un modelo ferroviario.

Esto aunado a que otra cosa que no entienden mucho es el mecanismo de mercado que opera sobre el ferromodelismo. Como no es un hobby mayoritario, la demanda tampoco lo es, entonces es más caro que otros que hasta son fomentados por los medios de comunicación. A mí también me encantaría que los vagones costaran 1 mísero dolar y máximo 5, pero no es así. O que las locomotoras costaran como máximo 15, pero tampoco es así.

En otras situaciones aun menos ideales habrá reproches de por qué no somos más "normales" o no nos gusta algo más "común". Sé que hay ferroaficionados que también tienen alguna otra afición, por ejemplo el futbol o que sí se van a los bares. Y si a eso le sumamos lo de los trenes, pues es aun más gasto que muchas veces se hace evidente en el bolsillo o lo es para la familia.

En lo personal me cuesta, ahora más que nunca, tener otra afición, al menos otra en donde tenga qué gastar, de hecho hace unos años me dio por coleccionar figuras de anime y manga, pero la verdad se me hizo aun más caro que los trenes, y no muy atractivo al final de cuentas. Entonces, se podría decir que solo soy de trenes.

Por lo tanto, no me gusta el futbol y no gasto en boletos del estadio y tampoco bebo, así que no gasto en bebidas los fines de semana. Así que se podría decir que todo ese dinero que no gasto en ser "normal" podría gastarlo en trenes. Y a veces lo hago, pero no de esa manera; quizás alguien que se gaste cierta cantidad en una juerga cada fin de semana, esa misma cantidad yo me la gasto, quizás, cada 4 meses. Y es en algo tangible, algo que se ve y que puedo seguir disfrutando por años y años. Entonces creo que es más bien una cuestión cultural el hecho de que se vea "normal" irse al bar cada fin de semana y gastarse mucho dinero, a gastar "mucho" muy de vez en cuando en trenecitos. Al final de cuentas puede ser una cantidad menor la de los trenes.

Un "argumento" en contra del ferromodelismo es que es "inmaduro". ¿Cómo es que con esa edad aun juegas a los trenecitos? Lo que denota, de nueva cuenta, el poco o nulo conocimiento que tiene sobre el ferromodelismo quien espeta lo anterior. Una que otra chica me lo ha dicho, y entonces mi argumento es "entonces debe ser MUY maduro coleccionar cosas de Hello Kitty, peluches y bolsos que solamente vas a utilizar una vez". O, comparándolo con un hobby "normal" como el futbol "es muy maduro disfrazarse de un jugador popular y reír y gritar o enojarse frente a la televisión o en el estadio, qué madurez implica". Y viene de ahí otra pregunta que lanzo, ¿qué es un hobby "maduro"?

¿O por qué es inmaduro el ferromodelismo? Para mí es todo lo contrario, porque no es solo colocar un trenecito a correr en un óvalo como loquito. Implica aprender y conocer modelos y tipos de vagones y locomotoras, épocas, incluso conocer el contexto social y económico de la época en la que surgió determinado material rodante; aprender habilidades que nos pueden servir en otros campos, como por ejemplo, electrónica, carpintería, electricidad, maquetismo, etc. Implica a veces aprender números, series, rutas.

Implica aprender conceptos de arquitectura, de escala, de representación a escala, incluso de arte, ¿cómo envejecemos un vagón con óleos, con pasteles, con acrílicos? ¿Cómo hacemos un diorama lo más realista posible? Porque aquí viene otro factor: El tiempo.

Otra cosa que implica este hobby es tiempo, y a veces nuestras queridas familias no lo entienden. Como la idea suele ser que es "solo" jugar con los trenecitos, ¿por qué no solo, según ellos, rodar un trenecito media hora en fin de semana y ya?

Y como es un hobby que implica tiempo, y a veces mucho, pues en ocasiones los reproches no se hacen esperar: que si se pasa demasiado tiempo con los trenes, que si se descuidan otras cosas, etc. Y es que realmente implica tiempo, no solo para "jugar", sino también para mejorar la electrónica de nuestros trenes, para envejecer nuestros modelos, para detallar la maqueta, labores que requieren de mucha paciencia y concentración, y mucha, mucha calma, e inspiración.

Y hablando de tiempo, ¿entonces sí es normal pasarse 3 horas el fin de semana en el estadio o viendo el futbol en la tele, y toda la noche en el bar, pero no es normal pasarse 2 horas un sábado o un domingo con los trenes? Insisto que debe ser algo cultural, también.

¿Cual sería la situación si fuera al revés? ¿Si el ferromodelismo fuera el hobby de toda una nación y el futbol fuera solamente el hobby de unos cuantos loquitos?

Otro "argumento" con respecto a futbol vs trenes, es "bueno, el futbol es un deporte, y es salud, en cambio con los trenes estás sentado todo el tiempo". ¡En serio!. De todos los fans de futbol, ¿qué porcentaje realmente practica ese deporte de una forma constante? ¿Y qué porcentaje es solamente un espectador, un director técnico de sofá? Puedo decir que la mayor parte de los ferromodelistas nos dedicamos al hobby en casi todos sus aspectos. No somos solo espectadores.

¿Quiere esto decir que los ferromodelistas somos parias y apestados en el mundo, y rechazados por nuestras mismas familias? No. Pero quise poner aquí algunas inquietudes que tengo, y también cosas que, no nos hagamos, existen. Situaciones reales que a veces nos molestan y nos hacen sentirnos raros. Sobre todo si no tenemos un club cerca, porque sé que existen muchos "ferroaficionados de clóset", que se guardan el hobby para sí mismos y no pertenecen a algún club, o no tienen más amigos ferroaficionados, porque no hay nadie más cerca o simplemente porque no quieren. Dentro de un club o con amigos ferroaficionados por lo menos se siente uno menos raro.

No hay qué negar que existen otro tipo de miedos, por ejemplo, aunado a la vejez, al destino de una colección que hemos juntado durante años con mucho tiempo y esfuerzo, y a la que le hemos dedicado mucho trabajo. Como lo que a veces pasa cuando fallece un ferroaficionado y su familia no sabe el valor real de la colección. ¿Qué hacen? La venden a precios muy bajos, a precios de juguete, o en el peor de los casos, tiran todo a la basura. Son situaciones reales, que suceden, a menos que se herede el hobby o se tomen ciertas medidas para que no exista, o al menos exista lo menos posible, esa adversión entre familia y trenes.

Y que también, cuando estamos en una mala relación o en un entorno disfuncional, puede que nuestra amada afición sea víctima de la violencia. En un foro de aviones, hace tiempo, leí dos o tres casos de que, durante una pelea de pareja, la esposa le tiró al suelo sus preciados aviones al marido. Otra, de repente los desapareció, los había tirado a la basura. Es cuando alguien se desquita no directamente con la persona, sino con algo que siente que le hace competencia o con lo que el aficionado quiere y valora.

¿Entonces no son compatibles? ¿Deberíamos ser ermitaños acaso y alejarnos de la sociedad? ¡Jajajaja! Para nada. Es solo, como decía, un desahogo, y exponer algunas cosas que a veces se niegan pero son muy reales. Suceden y no hay qué negarlas. Pero también se pueden minimizar y no necesariamente tiene por qué suceder todo lo malo que expongo.

¿Qué podemos hacer para que nuestro hobby trascienda, y lejos de ser una piedra en el zapato en nuestras relaciones familiares sea algo disfrutable?

Tanto con la familia sanguínea como con la que formemos nosotros, hablar de lo que es y lo que no es nuestro hobby. Si nos quieren y nos respetan, nos escucharán. Poner bien en claro lo que implica. Y hacer hincapié en que no es algo muy diferente de otras aficiones, solo cambia el objeto de la afición.

Invitarlos a participar, también, sin presionarlos a que conozcan de lleno el hobby. Quizás alguno se anime y nos ayude en alguna cosa. O pedirles ayuda en cosas sencillas que no requieran mas que unos minutos, al principio. Quizás hasta les guste hacerlo y quieran ayudar en más cosas.

No hablar todo el tiempo de la afición, quizás solo si nos preguntan. Y entonces responder estrictamente lo necesario, esto para que no piensen que aquello nos absorbe y que solo pensamos en trenes.

Hay qué ser ORGANIZADOS. Con una buena organización podemos dedicarle a la familia el tiempo que se merece, y también a nuestro hobby. Así se minimizan los reproches al respecto.

Esto quizás suene duro, pero si aun no tenemos a alguien con quien compartir nuestra vida (una pareja, pues) y estamos en busca de, hemos de decirle desde un principio que nos gusta el ferromodelismo. Al igual que la familia biológica, comentarle todo lo que implica y la importancia que tiene para nosotros. Si no estamos enfermos de fanatismo por los trenes, y somos organizados, la relación también será una prueba de fuego para saber qué tanto nos quiere y nos respeta, y si es una persona estable. Y por supuesto, RESPETARLA y entender también sus aficiones y gustos, pues así haremos lo que queremos que nos hagan, pero también tendremos argumentos para, si surge alguna falta de respeto de su parte, espetarle que la hemos respetado todo lo que hemos podido y que ella es quien se comporta mal.

Si llegamos a tener hijos, y estos tienen curiosidad al respecto de nuestro hobby, enseñarles también lo que implica. Enseñarles el respeto, la paciencia y la dedicación necesarias para llevarlo a cabo, pero tampoco forzarlos para que sigan nuestros pasos. Si realmente les gusta, lo harán. Conozco padres que tienen pequeños de 3 o 5 años, "y están locos por los trenes"; pero a esa edad todo nos llama la atención, y con el tiempo puede que se nos olvide. También no hacernos ilusiones de que "continuarán nuestro legado" tan solo porque a los 5 años les gustan los trenes. Quizás es hasta pasada la adolescencia cuando nos daremos cuenta si realmente les gusta el hobby o no. Así que no digamos que "ya la hicimos" si vemos que nuestro niño de 3 años quiere ver nuestra maqueta.

Y por si acaso, dejar un testamento oculto donde heredemos nuestra colección a un museo o a un club...

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